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En la “vallonada” de la cabecera del Keyles se encuentra Ólvega, y no es posible desligar de su horizonte cercano el Moncayo y sus estribaciones. Se encuentra así rodeada al sur por la Sierra de Madero, y al norte por el contrafuerte plomizo de la Sierra Fuentes (1.568m.) seguido del Moncayo (2.315 m.). El Madero (1.481 m.) continúa una vez pasado el Estrecho de Araviana con las sierras de Toranzo (1.614 m.) y de Tablado (1.749 m.), rayanas con Aragón.
Son todos estos relieves de origen antiguo, pues sus rasgos morfológicos más significativos han sido heredados del Terciario: predominan las laderas de pendientes suaves y regulares, como las de la Torrecilla y el Hacho. En el Madero se aprecia una línea de cumbres muy bien definida, ahora sembrada de molinos para la producción de energía eólica. Las cimas son romas y redondeadas, separadas por amplios collados, como el de Castilla y Aragón en el Moncayo, el Estrecho de Toranzo o el de la Dehesa de Borobia, entre esa sierra y la de Tablado.
El valle del río Araviana o Torambil representa una cubeta en polje parcialmente aluvionada de rañizos y depósitos de acarreo cuaternarios, sedimentados por una red de drenaje que se está encajando levemente en una superficie de corrosión cárstica. El Pozo Araviana, resultado de la erosión diferencial del río que salta en rápidos por entre las Peñas de los Infantes, de conglomerados duros extremo oriental de este valle la acción de zapa del río Isuela va comiéndole el terreno a la cuenca del Duero, y ha originado los imponentes farallones calizos de Purujosa y Beratón. También por debajo, la labor más callada y lenta del agua subterránea ha traspasado la divisoria Atlántica-Mediterránea a través de los montes de Fuentes, buscando su salida hacia Vozmediano.
Son procesos de disolución de las calizas que se iniciaron hace al menos 500.000 años y de ellos quedan numerosas formas y vestigios. El mismo Campicerrado es un polje o uvala cuyo nombre nos evoca un valle constreñido entre montes. Su fondo está relleno de depósitos arenosos, donde arraiga bien el pinar. Ha servido de madriguera a los abundantes conejos que poblaron este magnífico carrascal. En el Valle de Araviana hay bastantes colinas, entre las que destaca el Simón, de 60 metros de profundidad. Las simas y cuevas de la comarca, como las de la Cabra, Moranas, La Dehesa, La Torrecilla y las Chimeneas, tienen un desarrollo por lo general no superior a los 100 metros.
También la acción periglaciar ha afectado al área de cumbres de estas sierras, dejando un manto de canchales y gelifractos, y ríos de piedras en los fondos de las vaguadas de las Sierras del Moncayo, Toranzo, Madero y Tablado, que han sido estudiados por Francisco Pellicer Corellano. Entre estos derrubios se conservan todavía en Toranzo corros de matas de hayas, delatando que la vertiente norte de esta sierra estuvo poblada de hayedos.
